El pasado mes se sumaron 150 nuevos gendarmes al equipo de seguridad de Esteban Echeverría. Sí, eso ya lo sabemos: lo vimos en carteles por las calles, lo escuchamos por aviones que pasan haciendo publicidad del municipio, lo leemos en los medios de comunicación de la región, lo observamos con la mayor presencia de seguridad por el centro de Monte Grande.
Lo que quizás a veces perdemos de vista es que esta no es una cuestión pasajera, ni un tema que surge en un momento y luego se detiene. Con ¿el auge? de la inseguridad me vienen a la cabeza las famosas frases: "La gente hace lo que ve en la televisión" o "Si sale en la TV, debe ser verdad", afirmaciones que implican espectadores pasivos, que sólo hacen lo que se les ordena. Hoy día resulta equívoco considerar a los televidentes desde esa perspectiva, ya que las relaciones y las comunicaciones se han complejizado de maneras extraordinarias en los últimos años.
¿Hoy, hay más inseguridad que hace veinte años? Sí, seguramente sí. Nuestras poblaciones crecen, el sistema educativo tiene una estructura pésima, los valores de nuestra sociedad están cada vez más sumidos en la decandencia, fruto de políticas capitalistas que priman el bien personal frente al bienestar colectivo, gestando así el egoísmo, la ignorancia, el desinterés por el otro. Simultáneamente, en comparación con veinte años atrás, tenemos un tipo de sociedad totalmente diferente debido a los cambios que supusieron la globalización y el avance las tecnologías.
¿Hoy, hay más inseguridad que hace uno o dos años atrás? Honestamente, yo creo que no. Los niveles de inseguridad siguen siendo altísimos desde hace ya bastante tiempo. Con la crisis del 2001 y la creación de nuevos estratos sociales (llámese subocupación, nuevos pobres, etc) se comenzaron a vislumbrar mayores necesidades y una brecha de desigualdad más amplia. Los grandes cambios en el nivel estadístico de la inseguridad vienen de la mano de transformaciones socioeconómicas de vasta magnitud, por lo que no podemos considerarlos como momentos de inseguridad aislados.
La inseguridad, entonces, no es un tema espontáneo que aparece de la nada misma, sino que es una problemática que se gesta en determinado contexto y a largo plazo, si no se toman las medidas correspondientes para combatirla.
Pero ¿qué tiene que ver el boom de la gendarmería en los medios de comunicación echeverrianos, con la inseguridad, con el 2001 y con el capitalismo en sí?
Bueno, existe una teoría de la Comunicación llamada Agenda setting, la cual postula que los medios de comunicación de masas tienen una gran influencia sobre el público al determinar qué asuntos poseen interés informativo y cuánto espacio e importancia se les da. Esta teoría es muy estudiada por los cientistas sociales, ya que a partir de ella se puede interpretar cómo se van generando climas sociales que dan paso a ciertas actitudes por parte de la sociedad.
Anteriormente mencioné que es absurdo considerar que la gente copia lo que ve de la televisión hoy. Y, sosteniendo esa negación, el problema de fondo es mucho más complicado que sólo una imitación de lo que la prensa expone: las personas naturalizan lo que ven en los medios. Dando como válidos argumentos que muchas veces no tienen un razonamiento lógico que los sostenga, sólo son lo suficientemente persuasivos como para escucharlos reproducidos en el boca a boca de las calles.
Entonces, si nos establecen por todos lados la sensación de custodia constante en manos de los nuevos oficiales de gendarmería, el sabor a orden flotará en el aire. Un sentir que no viene solo, sino que es acompañado por la obligación de tener que cumplir con ciertos requisitos: portar documentación hasta para ir al almacén, vestir de cierta manera, comportarse como se debe, respetar a las autoridades. ¿Contra qué monstruo se lucha de esta forma? ¿Contra los asaltos, asesinatos y violaciones o contra la libertad?
La visibilización que se busca hacer de las medidas contra la inseguridad que está tomando el municipio no parece ser algo casual: Frente a la derrota del kirchnerismo en las últimas elecciones, los actores políticos notaron el peso de la inseguridad para su imagen de campaña, por lo que no sorprendería creer que esta estrategia de sobreinformarnos respecto a las medidas que se toman en torno a la seguridad fuese una decisión más para seguir perpetuando el poder en manos de las mismas personas... Sin embargo, ¿realmente se están reduciendo los delitos por llenar las calles de policías y gendarmes? ¿Se achica la brecha de la desigualdad, la cual origina personas desesperadas por insertarse en la cultura de consumo, y que por tanto terminan recurriendo al delito como forma de pertenecer? ¿Es la solución adecuada implementar más presupuesto en Seguridad, reduciendo subsidios a la Educación, la primera y fundamental arma contra los males sociales?
Por Juana Lo Duca
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